El sábado no fue nuestro día y muy pronto se puso de manifiesto. Mientras el rival tuvo todo de cara, hasta la fortuna, a nuestros chavales no les salió nada de nada y cayeron derrotados con rotundidad y sin ningún pero que valga, a no ser el de la falta de pegada.

Muy pronto, pero que muy pronto, el Arenas puso el marcador a su favor. Unas manos en el área tras la primera jugada de ataque y de descontrol de nuestra zaga, supuso el principio del fin. Aun así, el equipo buscó la igualada y amén que lo pudieron conseguir si Galder hubiese materializado alguna de las ocasiones que tuvo. No era el día, y punto.

Con todo, el rival, sólido y superior en muchas fases del partido, demostrando el porqué de su imbatibilidad, y se volvió a llevar el gato al agua cerca de la media hora de juego. Un nuevo error que propició una contra dejo a Nabar sólo ante el peligro y consumó el 2-0. Sin tiempo para la reacción, a renglón seguido llegó la guinda en un remate a placer en el primer palo tras un saque de esquina.

 

Un puntito más al zurrón es la mejor conclusión que se puede sacar del encuentro del sábado ante el aguerrido Oiartzun y que acabó con empate a 1. Galder en los últimos suspiros de la contienda consiguió la igualada para nuestros colores  frente a un rival muy, pero que muy intenso en su juego.

El reparto de puntos fue lo más justo a tenor de los visto sobre el irregular césped guipuzkoano ya que ninguno de los dos equipos hizo los méritos suficientes como para haber ganado. Los locales comenzaron la contienda muy fuertes y concentrados, mientras que a nuestros chavales les costó entrar en juego y hacer uso de sus mejores bazas y calidad.

Durante la primera parte, con todo,  hubo un par de jugadas claves que pudieron haber variado el sino del partido. La más reseñable un derribo a Agüero, que el línea fue el único que interpretó que se había tirado. Nuestro extremo se marchaba sólo hacia la portería. Bonilla, sin suerte, también tuvo la ocasión para marcar.

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